De vuelta de jornada hacemos lo rutinario, ver nuestros videos. Vimos el mío casi al final de clase y posterior a él, mis compañeros expresaron su opinión y sus observaciones. Pero no vine a comentar sobre eso. Vine a comentar sobre lo que no tuve tiempo de expresar y que probablemente a la mayoría no le sea relevante. Para mí, fue un placer el haber sido parte de este proceso en la secundaria. Nunca me había sentido tan cómoda y feliz en el ambiente. Usualmente, llegaba la hora de dar mis clases y era horrible luchar contra mis miedos y ataduras. En esta ocasión, fue obvio, existieron unas pequeñas mariposas en mi estómago al iniciar cada clase, pero desaparecían en el transcurso de la misma.
Como lo he mencionado en otras ocasiones y en otros espacios, el proceso que ha llevado mi formación como docente es una constante lucha interna y lucha contra mi esencia. Mi principal barrera es y siempre he sido yo misma. El hecho de sentir que derribé algunos de los ladrillos que formaban parte de la barrera, fue un deleite para mi alma y mi vocación. Probablemente no tuve una clase perfecta, ni hice todo excelente, pero di un paso enorme en lo que a mi formación se refiere.
La jornada fue una experiencia que me ayudó a mantenerme donde estoy. A asegurarme que quiero estar en la Normal, a no tirar la toalla por sentirme frustrada y por sentir que no podía. Sé que puedo, y poco a poco estoy cumpliendo con mis objetivos. No intento llenar los objetivos, anhelos, deseos y expectativas de terceros, estoy haciéndolo por mí y por la carrera a la que le dedicaré gran parte de mi vida. Claro, el camino es largo y difícil, pero comenzando con una buena actitud, ya llevo un tramo ganado.
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