De antemano sé que ninguna experiencia ocurrirá de la misma forma dos veces, mucho menos me provocará el mismo tipo de emociones y aprendizajes. Por eso, procuré llegar fresca a la semana de jornada. Dejar atrás estigmas que el estar por primera vez frente a grupo me provocó. No sólo eso, el panorama que observé el día de la visita previa con mi grupo de segundo grado fue un peso muy fuerte que debía bajar de mis hombros con el propósito de no dejarme afectar tanto emocionalmente por concepciones erróneas acerca del nuevo grupo que atendería.
Mi primera clase fue con los niños de primer grado, eso me hizo sentir más confiada por el trabajo previo que había tenido con ellos. De hecho, me encontraba muy entusiasta a estar con ese grupo de nuevo en especial por el cariño que externó la mayoría hacia mi persona. Pero olvidé que mi clase era en la última hora y eso se prestaba a que se encontraran muy inquietos y desbordando energía. Así que me costó trabajo lograr captar desde un comienzo la atención para que se concentraran en la actividad y aún así no todos lo hicieron.
Mis materiales les gustaron mucho. Sentí un acierto en cuanto a los cuatro criterios que Ma. Rosa Martos (1998) presenta como los puntos principales a tomar en cuenta para la selección de los materiales:
Todos los materiales que ayuden a conseguir dicho objetivo son válidos, aunque juzgamos prioritario considerar los siguientes criterios:
l. Adecuación a la edad e intereses del alumno.
2. Presentación, formato, colorido, etc., atractivos y sugerentes.
3. Facilidad de manipulación por los mismos alumnos.
4. Asequibilidad (que sean de fácil localización y distribución, costo
razonable, nivel de dificultad adecuado).
Pero se prestó a que se emocionaran tanto que escuchaba al menos cinco alumnos pidiéndome que les regalara la imagen de Bob Marley. A la vez que el cartel que llevé me ayudó a que se interesaran, contribuyó a que se inquietaran un poco más de lo debido.
Concluí la clase con un sabor de boca muy distinto a aquella ocasión un mes atrás. Y eso me motivó mucho y me ayudó para enfrentar lo que seguía. Ahora lo que más me ponía en una situación incómoda, era lo que debía encarar con el nuevo grupo.
Lo que vi y escuché sobre los alumnos de 2°D eran cosas por demás negativas y pesimistas. La opinión generalizada es que son un grupo desordenado, que no quiere trabajar y nada le interesa. Los maestros hacen lo mejor por lograr que ellos trabajen pero nada les resulta y los muchachos se mantienen en un estado de indiferencia permanente. Lo sorprendente fue que los mismos alumnos tienen un concepto negativo de su grupo.
Entonces era yo contra esas malas concepciones de ellos. Iba a trabajar con lo que tuviera y pudiera. El día de la primer clase, me puso tensa que la mayoría de los niños llegó al menos quince o veinte minutos después de la hora de entrada. (Motivo que la escuela no está preocupada en solucionar de manera imperativa. O al menos no pude percibirlo. Son un tanto flexibles y permisivos que los alumnos ya no se preocupan cuando llegan tarde porque no representa ninguna consecuencia para ellos). Comenzar la clase tarde significaba ajustes en la planeación porque los tiempos se iban a recorrer. Pero más que preocuparme por la planeación quería sentirme cómoda y centrar mi atención en los alumnos.
Algo que siempre mantuve en mente fue mantener la actitud abierta, relajada y positiva. No quería caer en el mismo error de la primera jornada. Ese pequeño detalle fue el que más me quitó el sueño y me llenó de frustraciones; mi actitud. Por eso y a pesar de estar viendo que el reloj corría y no tenía la mayoría de los alumnos para comenzar, lo que pude hacer fue, primero relajarme, y después esperar un poco y comenzar con los alumnos que tuviera. Quería que la mayoría llevara la secuencia de la clase completa para evitar que se perdieran dentro de ella.
Por fortuna, y como mi mayor sorpresa (incluso puedo considerarla la mayor sorpresa de toda la semana), los alumnos de 2°D hicieron un trabajo en mi clase que me dejó impresionada y muy contenta. No hubo necesidad de hablarles de manera amenazante como los demás maestros suelen hacer. Ni de emplear una actitud autoritaria para que ellos sintieran miedo y comenzaran a trabajar. En especial ese último punto, es algo que encuentro como una conducta generalizada en los maestros; dirigirse a los alumnos de manera fría, muy seria y exigente. Es algo que sinceramente me molesta y no me gusta. Me desagrada que se dirijan de esa manera conmigo, así que por lógica no lo reproduciré en el aula. Los adolescentes son personas pensantes, no creo que exista necesidad de actuar como mencioné que hacen los maestros. Sé que es necesario mantener una postura seria y congruente con el papel de docente pero creo que hay límites que no se deben cruzar por el bien de la sana convivencia y trato que se pretende desarrollar dentro del salón de clases. Imponer reglas sólo ocasiona que sean automáticamente rechazadas.
Durante la clase, debo aceptar que no puedo decir que un 100% trabajó e hizo todas las actividades en todo momento. Pero me alegró mucho ver esa actitud de cooperación que no mostraban en otras clases, siempre habrán sus “asegunes” pero es minoría.
Sin duda alguna, esa primera clase alejó por completo esas ideas de son jóvenes que no quieren trabajar, nada les interesa y no respetan a las figuras de autoridad dentro de la escuela. No puedes culparlos de ello cuando el trabajo que ofreces y las actitudes que demuestras cuando estas frente a grupo hablan de conformismo y mínimo esfuerzo. Los maestros que observé no me proyectaban las características que deberían tener los docentes. Según Enrique Alcaraz (1983), entre las cualidades personales que debe poseer un maestro destacamos las siguientes:
a) Vocación por la enseñanza. Esta vocación o profesionalidad es detectada desde el primer día de clase por los alumnos y consecuentemente puede contribuir a la motivación.
b) Personalidad abierta y dinámica, que aliente la comunicación y la socialización de sus alumnos. Esto podría quedar resumido en dos palabras: amabilidad y paciencia, a las que podríamos añadir una tercera, energía oportuna; en resumen lo que se llama sintonizar con los alumnos. Estos suelen apreciar al profesor que demuestra que recuerda que él también fue alumno.
Es cada vez más evidente para mí que el maestro es esa pieza clave que estimula al grupo a funcionar o a quedarse estancado en la cotidianeidad y comodidad del mínimo esfuerzo.
Claramente, la lección más importante para mí y que me llenó de esperanza fue mi experiencia con esos niños de segundo. Todos podrán decir muchas cosas sobre los alumnos pero ellos tienen diferentes formas de comportamiento con cada maestro. Otorgan lo que los profesores les brindan. Sin temor a equivocarme puedo decir, esos jóvenes son incomprendidos. A los profesores se les olvida que son niños. Eso es todo, niños. Nada fuera de lo común. Es terrible que la gente dentro de este ambiente, se olvide de lo que la adolescencia significa e implica. Todo esto me recuerda a Carol Read cuando en la conferencia menciona la llamada “observe position”. En ella los maestros deben verse a ellos mismos en acción dentro del aula. Es como ver las cosas desde un punto de vista de un tercero. Desde esta posición los maestros deben ser capaces de regular sus actuares. Decía Read que ella imagina que su jefe está en clase viéndola. No dudo que esta posición rinda más frutos que utilizar solamente “self position” como docente.
Ahora quiero entrar a momentos medulares de mi segunda práctica docente. Cuando te sientas con calma a escuchar lo que tus maestros acompañantes tienen para decirte. De manera personal, obtuve retroalimentación de dos maestros; Diego y Rebeca. Ambos con sus criterios y puntos de vista muy diferentes. A pesar de eso, entre las observaciones que los dos me hicieron, hubo convergencias y quisiera darlas la conocer y expresar mi punto de vista. En especial, veo de mayor importancia enfatizar los aspectos negativos. No porque me encuentre viendo sólo el lado severo o crítico, sino porque a mi punto de vista en eso me debo enfocar, en tomar todo eso en lo que fallo y buscar formas de convertirlo en aspectos a mi favor. Ya no lo veo como motivo de vergüenza o como factores que me desmotiven. Es parte del proceso y así lo debo tomar aunque por momentos resulte difícil escucharlo.
Esta por demás mencionar que ninguno de ellos se encuentra aislado uno del otro, forman un conjunto y por esa misma razón no puedo darles una jerarquización cuando en mi criterio todos tienen una etiqueta de urgente.
Los aspectos mencionados por mis profesores fueron:
a) Manejo del tiempo
b) Corregir gramática a alumnos
c) Classroom managment
d) Manejo de materiales
e) Manejo del espacio
f) Ejemplificación
g) Expresión corporal
h) Modulación de voz
i) Instrucciones
j) Notas en el cuaderno (alumnos)
k) Drills
l) Monitoreo del grupo
m) Presencia
a) Tengo un grave problema controlando el tiempo que destino a las actividades, a eso puedo aunarle c) classroom managment como dos rubros que se complementan y los cuales van de la mano. Debo ser más puntual y rígida. Establecer bien los tiempos que brindo a los alumnos para realizar tareas específicas. Dejar en claro, al inicio de cada una de ellas que tienen un tiempo limitado para completarlas y en el proceso ser constante en recordarles lo que deben hacer para que lo hagan. De otra forma, los alumnos tomarán el tiempo que quieran para terminar sus trabajos y continuaré perdiendo minutos valiosos dentro del aula.
b) La maestra Rebeca fue quien me puntualizó este aspecto: debes de corregir su pronunciación. Y claro, debo hacerlo de lo contrario los alumnos se quedarán con ideas erróneas y las repetirán viéndolas como lo correcto aunque no lo sea.
d) Mejoré en cuanto al manejo de mis materiales. En la primera jornada simple y sencillamente me perdí entre tantas cosas que traía. Procuré esta ocasión organizar los materiales por clase y momento en la planeación. Pero el problema es el momento en que les doy un uso en la clase. Pierdo tiempo acomodando en el pizarrón carteles u oraciones. Y después el problema es quitarlos para poner algo diferente. Debo aprender a seleccionarlos y utilizarlos de la manera más práctica que pueda. Por ejemplo, los peces, el maestro de OPD me dijo que pude haberle sacado más ventaja a esa actividad tan lúdica. e) El acomodo de los alumnos dentro del salón debió ser diferente con el fin de que todos pudieran ver y ser participes de la actividad.
f) Ejemplificar es algo que me cuesta mucho trabajo hacer, al mismo tiempo ser constante y puntual. Y debo prestarle la atención suficiente porque ejemplificar es un punto muy importante para que los alumnos comprendan el tema que se expone, identifiquen las situaciones en que se utiliza y posteriormente para le den un uso real y práctico. A mí me ha sucedido que me resultan imprescindibles los ejemplos para comprender los modelos del lenguaje, entonces por consecuente, para los alumnos es algo aún más valioso aunque probablemente ellos no lo comprendan a simple vista. En mis clases se necesitan esas bases (que los ejemplos otorgan), para saber cómo hacerlo y mi ejemplificación es quien brinda herramientas para lograr lo que mencioné con anterioridad.
g) También mejoré en cuanto a mi expresión. Sentirme y mostrarme menos tensa y más abierta y sonriente ayudó a mi expresión corporal y lo que comunico mediante ella. Pero aún es un punto débil de mi personalidad y la cual de forma imperativa necesito esforzarme por mejorar. Es por desgracia un obstáculo que yo misma interpongo en mi camino. Pero entonces es una fortuna que sea algo que dependa de mí y no de las situaciones externas de un salón de clases.
h) Llega a haber momentos de la clase en que mi voz no se escucha. Por lo regular mi tono de voz es bajo pero eso no funciona en el salón de clases. No se trata de mantener todo el tiempo un tono alto y potente. Se trata de variar las tonalidades dependiendo del momento y situación. Pero existen formas de hacerlo sin lastimar la garganta.
i) Ya he escuchado algunas ideas de mis compañeros para mejorar este aspecto. Es posible vincular las instrucciones imprecisas con classroom managment. Si todos se encuentran poniendo atención en el momento en que les digo qué hacer, las probabilidades de que comprendan lo que les digo y por consecuente lo realicen, son mayores. Además puedo ayudarme de recursos visuales para que entiendan el vocabulario que desconocen. Por demás obvio, pero que aún así no lo había considerado, es llevar las instrucciones escritas en cartelones, o escribirlas en el pizarrón pero leerlas en conjunto con los niños para resolver en ese mismo momento las dudas de manera general y no tener que ir con cada uno de ellos a decirles qué deben hacer. Generalizar las dudas es otro punto clave.
j) Debo puntualizar y expresar de manera clara a los jóvenes que deben tomar notas. De otra forma, es más probable que olviden lo que les muestro en la clase. O que además del tiempo que me lleva la explicación, debo esperar más para que todos tomen notas posteriores a la etapa de review.
k) “No abusen de ellos, pero tampoco mencioné que no los hicieran”. Fue la frase del maestro de OPD y continúo sin llevarlos a cabo. Lo tomaré muy en cuenta en la próxima jornada porque ya experimenté de primera mano sus ventajas cuando es bien realizado un drill. Pero también vigilaré hacerlos de forma correcta monitoreando que los alumnos lo hagan y sin abusar de ellos porque sería hacerlo monótono y cansado.
l) Es mi trabajo monitorear lo que todos y cada uno de los niños realicen en mi clase. No concentrarme en alumnos en específico sólo porque sé que requieren de mayor atención. Obviamente les brindaré la atención que necesiten pero debo estar atenta también a los demás. Y ese problema yo misma lo noté. Debo moverme más por el salón, así me daré cuenta de cosas que ignoro porque desde el frente no se distinguen.
m) Y finalmente, mi presencia ante el grupo. Si bien se me hizo el comentario de que se nota que hay una maestra al frente de los alumnos y ellos me trataron con respeto. Siento que aún me queda un camino largo para asentarme como maestra en toda la extensión de la palabra. Todavía es evidente esa inseguridad. Me encuentro en una lucha interna por corregirla. No hay nada que temer. Y es frecuente que lo olvide.
Ahora quiero hacer mención de lo que sentí como mi gran triunfo; disfrutar la clase. Cuando tuve mi primera actuación como docente frente a grupo, la constante en mi interior fueron esos nervios e inseguridad que me hicieron que me cerrara completamente a disfrutar la experiencia.
Por suerte, en esta ocasión disfruté tanto el trabajo que hice, como el contacto y la convivencia con los niños. Fue como quitarme una gran carga innecesaria de encima.
Posterior a la jornada, una actividad planteada en la clase de OPD fue el análisis de los videos de mis clases. Como dije en el comentario del blog, no me entusiasmaba realizar dicha encomienda. Pero por fortuna, descubrí lo valioso que es tener en video tu actuar como docente. Me hizo confirmar las observaciones que mis maestros y mi compañero que también lo vio, me puntualizaron, tanto positivas como negativas.
Considero que los logros de esta jornada además de que son fruto de mi trabajo visible y palpable en las clases, son fruto del cambio interno que luche por obtener. Esa reconfiguración anímica que busqué lograr. Es más factible que las cosas buenas sucedan si tú mismo te crees capaz de lograrlas. De nueva cuenta reafirmo que una actitud positiva, acarrea situaciones positivas. Mi trabajo se encuentra en un proceso de formación al igual que yo, pero si me pongo nuevamente esas barreras mentales lo único que lograré será algo comúnmente llamado “autosabotaje”.
2° grado. Unit 2. Health and the body
Referencias:
Alcaraz, Enrique y Moody Bryn. (1983). "El profesor de inglés", en Didáctica del inglés. Metodología y programación. México: Alhambra. pp. 4-8.
Martas Collado, Ma. Rosa. (1998). "Los materiales auxiliares: el 'armario de recursos"' en P. Bello et al., Didáctica de las segundas lenguas. Estrategias Y recursos básicos. Madrid: Santillana. pp. 124-135.