martes, 18 de diciembre de 2012

11 y 13 de diciembre


Durante la semana que acaba de pasar experimenté una montaña rusa de emociones, sentimientos y experiencias. Hacer lo que nos corresponde de la mejor manera que se pueda, es probable que traiga consigo rencores, enemistades, envidias y cuanta reacción negativa se pueda pensar; pero no encuentro otra opción u otra ruta para emprender el camino que esa. Soy ferviente creedora y partidaria de esa idea. Pero en algunas situaciones mis esfuerzos se ven menguados por mi propia actitud y es bastante desagradable y frustrante.

Somos los creadores de las cosas buenas y malas que nos pasan. Eso es todo. Nadie más que nosotros es responsable de las consecuencias de nuestros actos. Parte de ser maduro o de haber alcanzado algún grado de madurez es comprender esto y dejar de culpar a las personas que nos rodean por las situaciones que nos afectan. 

Hoy quiero compartir un poco de las cosas que rondan mi cabeza a raíz de las clases de OPD de la semana pasada. Podrán estar de acuerdo conmigo o no pero sólo estoy exponiendo puntos de vista personales. 
Este semestre, que está a poco tiempo de concluir, ha traigo consigo experiencias completamente nuevas para mí. Desde el inicio del mismo sentí ese cambio en el ritmo de trabajo, un cambio en el estado anímico del grupo en general. 

Las dichosas jornadas fueron ese parte aguas en lo que respecta a que reafirmé que me encuentro donde quiero, que deseo hacer lo que hago, que no erré en mi decisión de asistir a la Normal Superior de Jalisco. Pero también fueron las jornadas las que me abrieron los ojos y me hicieron darme cuenta de lo difícil que es la profesión que elegí. Requiere que te entregues por completo, y no es fácil porque hay que dejar de lado las situaciones personales que te aquejen para presentarte frente a los niños con la mejor actitud, disposición y con una sonrisa en el rostro por una poderosa razón; ellos lo merecen. Hay que tener mucho amor por lo que se hace para rendir buenos frutos. De cualquier otra forma estaríamos desperdiciando nuestro tiempo y el de los alumnos.

Sería lo más hermoso de la vida que sólo deseando algo, se materializara. Por desgracia la realidad no es así y hay que trabajar duro para poder ser buen docente. Cuesta mucho, es difícil, y es un camino que te lleva por altas y bajas. Pero nada de lo que vale la pena en la vida es fácil de conseguir o de lograr. Mientras no pierda ese entusiasmo y motivación, sé que continuaré en este camino porque creo con toda entereza que puedo hacer un cambio. Todos podemos. 

Cambiando un poco de tema y aprovechando el fin de año quiero agradecer por las experiencias que la clase de OPD y la convivencia con el grupo me otorgó. En primer lugar, gracias al profesor que siempre brinda apoyo y busca lo mejor para nosotros en nuestra formación. Él ha sido una gran sorpresa para mí. Su forma de trabajo, sus puntuales observaciones en las jornadas, su búsqueda constante por la renovación e innovación, el amor que le tiene a lo que hace y las ganas que le imprime a su trabajo. Todos esos aspectos tienen una influencia positiva en mí. Por eso es valiosa su asesoría y su guía. 

Las experiencias compartidas dentro del grupo, y con todos sus miembros, buenas o malas representan aprendizajes que a final de cuentas forman parte de lo que somos. Todos contribuyen en menor o mayor medida a mi formación, tanto profesional como personal. De manera especial, las malas situaciones representan una fuente valiosísima para forjar el carácter y personalidad, además me ayudan a ver cara a cara a la realidad que no siempre muestra su lado bonito. 

Todos aprendemos de todos siempre. Y con esto no me limito a aprendizajes de carácter académico.

Muchas gracias a todos. Que tengan bonitas vacaciones.

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