Peculiar clase desde mi perspectiva. No pude disfrutarla como hubiera querido siendo que fue una clase muy activa al igual que la anterior. En especial el taller de Angel y Karen, con actividades dinámicas para desenfadarnos y además con propósitos pedagógicos. Pero bueno eso es harina de otro costal, quiero relatar la clase desde mi punto de vista. Nunca me había dado cuenta o siquiera pensado en lo molesto que es no poder hablar. Tenía opiniones acerca de "La juventud olvidada" de la Gaceta de la UdeG, también tenía mi exposición del taller pendiente, mi perfil de adolescente acorde a la lectura del alumnado de Michael Fullan, y a final de cuentas no pude hacer por lo menos alguna de estas actividades. Lo triste es que sólo cuando te encuentras en este tipo de situaciones, valoras la salud, y el poder hablar, escuchar, ver, sentir, oler, probar. Cosas que por ser tan cotidianas y comunes das por sentado, pero que en el momento en que te faltan, te sientes imposibilitada de mil maneras. Además, creo que por el simple hecho de ser jóvenes, dudamos que las enfermedades nos lleguen; y nos alimentamos mal, a deshoras o en pequeñas o muy grandes porciones. Entiendo que no todos tienen el tiempo para sentarse y comer como se debe, pero es nuestro cuerpo, nuestra salud, y sin ella no podríamos hacer nada. Creo que se debería hacer el esfuerzo. Es aparte mucho más barato y saludable traer alimentos de nuestra casa, a comprarlos en la calle (en especial porque comienza el calor, y pues los alimentos se echan a perder rápido, aunando a la poca higiene de los vendedores).
Esto es a lo que me llevó a reflexionar la clase, cuidemos de nuestros cuerpos y salud.
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