En el momento que comencé a pensar y reflexionar sobre mi post del día de hoy, de manera vertiginosa vino a mi mente la lectura “El interés de los alumnos” de Michel Saint-Onge y lo que presentaré a continuación:
En 1908, Yerkes y Dodson descubrieron una ley de la activación, es decir, una ley de la entrega a una acción en relación con el impacto de los estímulos. Constataron que, ordinariamente, cuando las personas se interesan por una actividad, su eficacia varía con la cantidad de estímulos presentes a un tiempo. Así, si dibujamos un grafico ilustrativo en el que verticalmente se represente la calidad del resultado y horizontalmente el nivel de activación, se obtiene una U invertida.
Ahora quiero relacionar con mi actuación y desempeño en OPD I, con lo que Saint-Onge nos dice. Imaginemos que la trayectoria llevada por el gráfico es equivalente a mi trabajo realizado en el semestre. Me apena que el resultado de un proceso tan bonito, dinámico, creativo, enriquecedor, innovador y que me hizo crecer y madurar (no sólo como docente sino como persona), haya concluido como una lastimosa U invertida. Son pensamientos que desde el momento en que fui consciente de ellos me rondan la mente. Y en especial, ese es mi problema la imposibilidad que tengo para liberar las malas experiencias que para nada ayudan mi proceso de formación y proseguir.
Grandes lecciones me enseñan las personas que me rodean día con día. OPD en ningún momento fue la excepción. Lo digo sin temor a equivocarme, es la que más cosas me ha mostrado. En primer lugar; soy la única responsable de mis acciones, el ambiente puede ser el peor, pero al final de cuentas la que decido soy yo y de esas decisiones se desprenden las consecuencias. A nadie más hay que culpar, nadie tiene nada que ver, sólo yo misma por eso hay que aprender a dominar al cuerpo y a la mente.
Prosiguiendo con el hilo de mi reflexión, estaré eternamente agradecida por un motivo en especial; ahora soy consciente de mis capacidades. Está mal que lo diga y aún peor es que así lo haya sentido, pero el autoconcepto que tenía de mí misma no era el indicado ni el más favorable. Una sola persona esperaba mucho de mí, sabía que podía hacerlo y me motivaba a lograrlo. Yo no entendía por qué lo hacía pero me alegra mucho que así fueran las cosas, una sola persona fue suficiente para hacerme consciente de mi potencial. De verdad lo digo, es uno de los mejores sentimientos que he experimentado. Saber que alguien espera algo de mí, cambió completamente mi percepción. Es un poco intimidante al comienzo pero es gratificante.
Ahora, quiero reestructurar lo que dije en la clase de hoy durante “el juicio”. No es una promesa, las promesas tienen el defecto de tener dos posibilidades, cumplirse o no cumplirse. Realizaré entonces una afirmación. No quiero repetir esa U invertida en el próximo semestre, no puedo darme ese lujo, es incongruente, es inadmisible. No sólo porque significaría que no aprobaría el siguiente semestre sino porque sería una traición a mí misma, a mis esfuerzos, a mis motivaciones, a mis convicciones y a mis planes a futuro. Y eso sería mucho peor.
Volviendo al gráfico y a la ley de la activación, mi propósito y mi segunda afirmación dicen que mantendré constancia. El resultado de mi propio gráfico al finalizar el siguiente semestre será una línea recta ascendente, no espero menos de mí. No les daré menos que eso, incluso por más difícil que se vea el trayecto.

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